9.24.2009

Extraño


Ayer, desapareciste pronto. Dos meses más que suficiente para que desaparezcas.

Tú, imagen de mi nuevo camino, sonríes y me sonrojo. Tus abrazos son cálidos y yo descanso sobre tu pecho, escuchando los latidos de tu corazón. Veo tu rostro y estoy enamorada. Mis manos descubren tu cuerpo y mis ojos tu ser, del cual me sostengo para no caer en este nuevo camino. Ahora empiezo a sonreír de nuevo, he vuelto a nacer. Tú, que te entregas para satisfacerme, y yo contenta te recibo y sacio con besos, a los que respondes desesperadamente. Tus besos cierran mis ojos e imagino un universo para dos, donde el ayer no existe más. Viajamos ambos por el infinito, y yo te siento más cerca, mi vida. Abro los ojos y de nuevo estoy aquí, en mi realidad. Te alejas por unos momentos, y yo sentada te esperaré, mi cielo. Te veo caminar entre luces, y te sonrío, no te preocupes que yo estaré aquí, y me dices que no me preocupe, que vas a regresar. Aquí sola te contemplo y feliz soy, melodías adornan la maravilla de tenerte. Me distraigo y miro hacia atrás: ahí está el ayer. No se ha ido. Yo pensé que había desaparecido, pero el ayer cuida mis pasos y siempre me observa. Su mirada me intimida y su sonrisa me enamora. Te tenía miedo, ayer, por eso creí que habías desaparecido. Me engañé, porque tú siempre has estado detrás de mí. Me has visto y sabes de mi amor, pero, ayer, no te molestas, me sonríes y me enamoras sin querer. Cuando amas al ayer de verdad, el ayer no desaparece, solo crees que se ha ido. Lees el capítulo 7 y avergonzada bajo la mirada. Te engañé y me engañé. Perdóname, ayer, pero sé que lo que hice nadie lo ha de perdonar, pero me sonríes y no me miras mal. ¿Por qué eres tan bueno? ¿Por qué viví en el ayer? ¿Por qué no te vas? ¿No ves que quiero ser feliz? Sí, soy mala. Perdóname, pero no tengo el valor de mirarte a la cara, mucho menos hablarte. Te tengo miedo, solo busco ser feliz, y tengo miedo de ser feliz contigo, por eso huyo, por eso no te enfrento. Pero eres apasionado, y me sigues aunque yo no lo quiera creer. Siempre estás ahí, y siempre estarás ahí hasta que yo te encare. Pero soy muy cobarde y solamente huyo. Mi cielo se acerca, y te tengo miedo, ayer. Te beso desesperadamente. Quiero desaparecer el ayer besándote y acariciándote, metiéndote dentro de mí. Pero abro los ojos, y el ayer sonríe y me enamoro. Sus abrazos son más cálidos, su mirada es más penetrante, sus caricias son más suaves y sus besos son más enloquecedores. Huyamos, mi cielo, tú no sabes nada. Te estoy engañando, también. Soy cobarde, lo sé. Huyamos juntos los tres, quién sabe hacia dónde. Estoy perdida y engañada. Ayer, me seduces, y tengo miedo de ir hacia ti, tengo miedo de ser verdaderamente feliz.

NOTA:

La idea no es mía íntegramente, también le pertenece a otra persona. La manera en que está escrita es una innovación, agradeceré sus comentarios. El título es porque así me siento al finalizar de escribir esta entrada que es bastante anti-yo.


9.17.2009

Destrucción de la vida


La ciudad estaba hecha ruinas. Todo ya estaba a punto de acabar. Solo quedaba un último bastión de sobrevivencia. Y en pocas semanas, estaría abierta a todos los ciudadanos para que puedan prolongar su vida. Muchos estaban ansiosos y no veían la hora en que, para los últimos meses del año, llegaran a ese lugar por un soplo de vida. Veían a su alrededor la ciudad oscura, apocalíptica, sin orden ni diálogo. Las cabezas de muchos humanos frías, sin futuro. Muy pocos eran los vesánicos que quedaban con esperanzas de seguir con vida. Todos estaban gobernados por ese tirano que destruía la ciudad a la velocidad de un rayo. Todo estaba incendiado y destruido. Todos esos insanos escapaban de la destrucción hacia ese parque, al verde de la felicidad, cerca al ruido del mar, para respirar un poco de ese soplo de vida. Cada año iban hacia allá para renacer otra vez, para poder ser ellos otra vez, para descubirir su mundo, el mundo de los demás. Cada año, apertura del eterno verano espiritual, para llegar a ese parque y vivir una vez, olvidarse del tirano y su plan destructor; tener contacto con su fantasía y su mentira, la vida de una ficción infinita. Páginas de pasión, amor, muerte e infinito. Un soplo de vida para tantos enfermos que jugaban a la ruleta rusa durante todo un año, y que disparaban justo en los últimos meses, y caían de espaldas al verde de la vida. Las semanas pasaron rápidamente, mientras escapaban del fuego destructor. Al llegar al parque, se entristecieron y murieron al ver el escenario que se presentó ante sus ojos: el tirano había llegado primero, sigiloso y mentiroso, para destruir el último bastión de vida: el parque frente al mar, lleno de libros y un cronopio distraído que miraba los bellos ejemplares, dueños del soplo de vida...

9.06.2009

Ruidos pecaminosos


Estoy aquí, estudiando para el examen de mañana, che. El viento hacía mucha interferencia, ella no podía oírlo bien. Se acercó hacia la puerta del baño pero lo mismo que nada porque tampoco podía oírlo bien. Hablá más fuerte, no oigo nada, ¿tanto te cuesta hablar más fuerte? Por aquí oigo cosas medio raras, no sé de dónde provienen esos sonidos, están que me aturden, y vos que no venís. La muchacha caminaba de un lado para otro del pasadizo, esperando a que llegara. No quería sentarse, quería estar de pie para cuando él llegara. Revisaba las hojas del cuaderno de atrás hacia delante, fingiendo leer; pero, más pensaba en qué decirle al muchacho cuando llegara. Volvió a llamarlo por su celular. Che, ¿ya estás aquí? Dejate de pavadas y vení de una vez. Se cansó de tanto caminar y se detuvo en el muro, de espaldas a los deportistas que practicaban atletismo y natación, qué cansados se les veía. Daban muchas vueltas alrededor de la cancha, también, mientras se apoyaban entre ellos dándose gritos. Cansada estoy de ver a tantos chicos que se matan por las puras. Che, ¿ya estás aquí? Sos vos el que tiene la culpa, me dan ganas de arrojarte a la pileta y que ningún boludo te salve, vení de una vez por todas. Su mirada estaba fija a la puerta del baño, cuya puerta se abría de vez en cuando, misteriosamente, seguro que era el fuerte viento que corría por la villa deportiva. Parece que hay fantasmas ahí. Seguía pasando las páginas, mientras que sus miradas las repartía entre la entrada a la villa y la puerta del baño. Hasta que por fin llegó el muchacho. Te esperé más de una hora, boludo. Disculpame, no fue mi intención; vos sabés que siempre llego temprano donde vos digas. Andá, pibe, estoy cansada de esto, hay que terminar. Che, pero si siempre me decís lo mismo, recapacitá un poco, ¿querés? Me estás pidiendo que yo recapacite, vos sí que sos boludo, callate la boca y largate de una vez, ya estoy harta. No grités demasiado; ven, abrazame de una vez. Los gritos los escucho de otro lado; no me molestes, estoy estudiando para el examen de mañana, tengo que aprobar, che. ¿Tú estudiar? ¿Me estás cargando? Pará de insultarme, que te arrojo a la pileta y a ver si te salvas, ya que vos no sabés nadar. La puerta del baño se abría, qué jodidos fantasmas, y se volvía a cerrar. Los deportistas corrían incansablemente, dejando sus sudores en el suelo, con la mirada al frente, las olimpiadas estaban cerca. El frío era atroz, qué fuerte viento corría. En la villa todo es campo abierto, ahí corre un viento más fuerte. Abrazame, acercate a mí. Yo te quiero, mucho. Yo también, vos lo sabés…Dame un beso. Los ruiditos del baño eran cada vez más fuertes, jodidos fantasmas lo iban a arruinar todo. Pero es que vos siempre lo arruinas todo, vos sos el culpable de todo. ¿Qué crees que yo hago? ¿Me rasco las pelotas acaso? Sí, así es, che, te conozco muy bien, pibe. Del baño los fantasmas repetían vocales. El muchacho la tomó por los hombros, se la llevó a las tribunas para ver a los deportistas de la villa. Estoy cansada. Nada, estás divina; ninguna mina se puede comparar. Escuchá bien, parece que los fantasmas van a salir. No cambies la conversación, che. Pero cambiá, pibe, tenés que dejar de ser así y yo estaré mejor, te lo prometo, querido. Tomá mi chompa, me quiero arrglar. ¿A qué huele esto? ¿Con qué mina has estado, boludo? No arrojés mi chompa al suelo, no he estado con nadie. Negá, negá ahora que con ninguna has estado. Calmate, mi chompa no huele a nada, ahora está toda sucia. Y qué más da si tú nunca lavás nada. Adentro ya habían terminado y, alarmados, querían que allá afuera dejen de gritar. Disculpame, de acuerdo, yo soy el culpable. ¿Ves? ¿No crees que más fácil es que aceptes tus errores y luego te disculpes? Sí, lo sé; abrazame. De acuerdo, pero no te daré un beso, no lo pensés. Los deportistas habían acabado de correr todas sus vueltas alrededor de la cancha. Por la villa ya no corría mucho viento. Ambos muchachos estaban abrazados, de espaldas a la villa y de cara a la puerta del baño. Ambos cerraron sus ojos y respiraron profundamente. A los segundos, él abrió sus ojos.

- Che, los fantasmas del baño acaban de escapar. Estaban bien desarreglados, asustados y nerviosos. Parece que se asustaron de nosotros.