9.27.2010

Lunes


Es el primer día de la semana y de nuevo estoy cansado, de nuevo voy a hacer la misma rutina, de nuevo voy a pensar en ti y en tu maldita ausencia. En esta ciudad todo está en desorden, todo está en ruinas; todos caminan sin rumbo, yo camino buscándote inútilmente. Pensé que con el tiempo habías cambiado, pensé que con el tiempo habías crecido...

Es lunes otra vez y no tengo ganas de nada. Ahora convénceme de verte y de no salir a caminar juntos. Puedes bien largarte a los extramuros de esta ciudad donde vives, puedes bien quedarte y esperar a que empiece mi iracundo interrogatorio. Fueron necesarios solamente algunos días para que vieras otro camino y por fin te marcharas dejando descuidado el pasado que nunca lograste terminar.

Es lunes otra vez y seguramente me vas a ver y querer hablar después de tanto tiempo de silencio ocasionado por los inimaginables e inexistentes abismos de tu duda.

Que es lo que quieres de mi? Que es lo que quieres saber? no me veras arrodillado, no me veras arrodillado.
De nuevo es lunes y toda esta semana será la misma de oscura y aburrida como los días en lo que tú apareces en mi vida para atormentarla. Descarada e ingenua.
Seguramente algún día me pedirás ayuda, pero ese día estaré lejos, lejos, lejos.


9.21.2010

Me quedo aquí


A mis seis años aprendí el significado de la música. A mis seis años entendí lo que era el Rock. A mis seis años apenas, descubrí lo grandioso del rock en español. Todo empezó una mañana al sintonizar una emisora radial que ya no existe (por desgracia) y pasaron esa canción. Mis sueños infantiles se deshicieron en el aire y quedé de frente a la vida de verdad, al misterio, al amor y al rock en español. ¿De quién esa voz? ¿Quién toca así esa guitarra? Habla de un temblor, de una grieta en el corazón y un planeta con desilusión. ¿Quién pide que lo despierten cuando pase el temblor? Una semana después el temblor de otra canción me despertó de mi letargo estudiantil: ver a través de una persiana americana donde excita pensar hasta dónde llegaré. ¿Quién es el que quiebra su voz tan melodiosa? El mismo que días después ante miles de miles coreando su canción gritaría: ¡Gracias, totales!.

Gustavo Cerati en Soda Stereo, pequeño David.

Y mi niñez fue distinta gracias a Soda Stereo. Lástima que se separaron cuando los descubrí, pero en mi cabeza siempre estaba esa legendaria banda, extraordinaria: el símbolo del rock hispanoamericano.

Y un día del año 2007 -año bárbaro, 16 años con la inocencia y el amor extraviados- un anuncio me hizo girar en remolinos: "Soda Stereo: me verás volver".

Desde el 25 de octubre hasta el 8 de diciembre lo único que hice fue escuchar la discografía entera de Soda, desde ¿Por qué no puedo ser del Jet Set? hasta Ella usó mi cabeza como un revolver. ¿Cuándo llegaría ese esperado séptimo día en que estaría a un millón de años luz para ver esas imágenes retro haciendo un zoom anatómico mientras esperara a que pase el temblor, ver signos en ese corazón delator que tiene una sobredosis de tv que pasaba una danza rota a través de una persiana americana mientras caía el sol y escapábamos como prófugos sintiendo que no era nada personal que me hicieran falta vitaminas? Y ese día llegó. Y no tuve más que decir solo una cosa: ¡Gracias, totales!

El shock del concierto duró meses. Solo un maestro podía transportarme a un mundo inimaginable a través de su música. Y este maestro es Cerati. Su amor amarillo lanzado como una bocanada emitida por una fuerza natural es prueba de ello. Nunca había escuchado tantas grandes canciones, tan geniales, originales, envolventes, espectaculares.

Y un 24 de abril del 2010, sentimos un Deja Vu: Cerati volvió a encantarnos, esta vez, con la Magia de su Fuerza Natural. Y nada más que en el estadio de mi universidad. Pude gritar, saltar y pedir otra canción más. Y Cerati siempre hizo la excepción de romper las reglas.

Su regalo fue un lago en el cielo.

Un día de mayo cayó enfermo. Se puso grave. Entró en coma. Aún lo está...Pero él no baja los brazos, él no se rinde. Dios y todos sus fans estamos con él. Porque genios como él no se van: se quedan aquí. Todavía falta mucho más que dar, maestro. Todavía queda tanto tiempo para seguir demostrando al mundo tu talento. Y, como dice tu canción:

"la tinta no secó y en palabras dije muchas cosas, pero en mi corazón todavía queda tanto por decir. No me voy, me quedo aquí".