10.15.2011

(Gritos)

La ciudad es gigante, llena de edificios negros, con lunas sucias y azoteas despobladas. La gente camina en una sola dirección, todos con vestidos grises y largos. El ambiente es frío y nublado, el cielo lleno de nubes, morado y oscuro. Todos caminan hacia allá o hacia acá. No hay música, no hay melodía, no hay nada. Qué rara es esa ciudad, qué complicada, qué ajena, qué solitaria.

Ahí aparece Javier, por ahí camina, al lado contrario, Del lado de allá, Del lado de acá. Y de otros lados. Ahí aparece Javier, observando todo, recuperando la conciencia, sonriendo sin saber, tratando de entender por qué. Ahí aparece Javier, esperando.

En esa multitud está la chica que fuma. Entre toda esa multitud, por allí, por ahí. No la ve. No la encuentra. Javier sabe que no la encontrará en la multitud, o al menos en esa parte que se le acerca. No está preocupado. Sabe que la encontrará. Sabe que aparecerá de alguna u otra manera. En algún u otro momento. Por allí, por ahí.

La chica que fuma siempre intenta escapar. Huye desesperadamente de Javier. Él no la va a buscar, solo la ve. El rito.

Dulce tan dulce.

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