5.02.2011

Chica del caleidoscopio


Aparecía Lucy con colores detrás de mi ventana, molesta porque caminaba por el horizonte -tantas veces citado por un "intelctual"-. Yo me levantaba y le saludaba. Sus peinados variaban: ella se hacía una cola, luego el cabello suelto, después una trenza, a veces un cerquillo.

Aparecieron detrás de ella muchas luces artificiales de noches brillantes llenas de estrellas de una tierra lejana y fría. Parecía extrañarla. Se me acercó y me tomó de la mano, aparecimos debajo de una palmera riendo de sus caídas y tropiezos.

Empezamos a bailar y a volar. Los autos pasaban sin hacer ruido y los ángeles caían sin cesar. Pero todo era silencio y ella entristeció.

Caímos de golpe y desperté por el ruido del reventar de las olas de una costa norteña y lejana. El viento refrescaba y ahora sí había música. Ella me tomó de nuevo y empezamos a bailar. Creo que yo llevaba un sombrero, me lo quitaba y aparecía con bigotes y anteojos.

Caí rendido a sus pies y ella montaba cual amazona su caballo hacia el horizonte de luces de colores de un cielo artificial de noche estrellada.

Desperté y me vi a mí mismo despertando en una playa y que me recogía una chica y empezábamos a bailar. Me sentí bien de verme a mí mismo feliz, lleno de colores, en un cielo con diamantes. Pero yo me estaba viendo bailar y no era yo el que bailaba sino el que yo veía bailar que no me veía a mí que lo estaba viendo desde hacía un momento, justo antes de despertar en un jardín. Un jardín de cielo gris, bulla irritable, frío y oscuridad.

Caminé por el largo pasadizo y encontré a la chica del caleidoscopio sentada en una banca leyendo Las mil noches y una noche y escuchando The Beatles. Seguramente Lucy in the Sky with Diamonds. Me vio a los ojos y me dijo: estabas soñando.

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